-Señorita Fernández, ¿Se encuentra bien?. Ha sufrido usted un aparatoso accidente. ¿Me oye?. Ariadna, señora ¿Puede oirme?...uf los sedantes hacen efectos mágicos.
Un rayo de luz me cegó por completo y por un instante parecía estar en el purgatorio..pero no, era el hospital más cercano a mi barrio. Por un momento no lo supe, pero ese olor inconfundible a medicina mezclado con infección delataba aquel lugar.
¡El trabajo! Debí entregar el artículo hace horas. Grité hasta hacer venir a la histérica enfermera de nuevo.
-Señorita, comprenda usted que no está en buen estado para levantarse y/o hacer cualquier brusco movimiento debido a sus fracturas.-
Aquello sonó a protocolo y por un momento me compadecí de su situación de enfermera que debe dar malas noticias a diario. Sus ojos oscuros reflejaban cierto aire paciente y su pelo corto y negro delataba su edad.
-Debo comunicarle también que puede recibir visitas y creo que hoy tiene bastante.-
Aquello me cogió totalmente de sorpresa. ¿Quién me visitaría a parte de Lisa y Vee? Mis padres murieron hace años en un accidente y yo era hija única. La verdad estaba bastante sola en el mundo de no ser por ellas.-Haré pasar al señorito-¿Señorito?¿Qué significaba eso? Me había quedado completamente sin palabras y antes de que pudiera reaccionar dio media vuelta y emprendió la marcha hacia el pasillo.
De un momento a otro me encontraba sola en aquella inmaculada habitación con una simple mesilla, dos sillones y una televisión que funcionaba a base de monedas. Entretenida yo analizando aquel lugar cuando por la puerta apareció el 'señorito'.
Metro ochenta y cinco, pelo rubio alborotado y ojos claros. Complexión delgada y espalda ancha. Me bastó solo aquello para suponer lo siguiente: me volví a quedar muda.
-Se supone que debo presentarme si es que ya no me conoces.-Dijo con cierto nerviosismo. ¿Cómo lo iba a conocer? ¿Quién era él, si jamás en mi vida lo había visto?- Soy Alex y bueno, creo que el responsable de que estés ahí tumbada.
-Me gustaría saber que ha pasado, todavía no me han comunicado nada.- Dije en tono neutro. Su expresión se calmó un poco al ver que no le conocía de nada.
-Bueno...eh, si. Iba conduciendo el coche cuando te cruzaste con aire distraída por delante y bueno, no pude evitar el atropello. Nada más pasar llamé a la ambulancia porque sabía que estabas inconsciente. Lo siento mucho de veras, si pudiera hacer algo por ti...
Su tono sonaba a culpabilidad y yo sinceramente, le creía. Había hecho bien en venir a verme después de todo aquello.
-No creo que puedas hacer nada con esto.-dije señalando la pierna escayolada sonriendo-.Pero muchas gracias.
-No hay de que, espero que te mejores pronto.-
Iba caminando hacia la puerta cuando de repente dio media vuelta y curvando el labio dijo:
-Por cierto, tienes una sonrisa preciosa.-
Al salir cerró la puerta y sobre todo, mi boca. Dejé pasar el día tumbada allí hasta que llegaron Lisa y más tarde, Vee. Mi vida, acababa de cambiar.
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